Evita productos agresivos que puedan sellar poros o complicar adherencias. Un paño ligeramente humedecido, jabón neutro y un cepillo suave remueven polvo y grasa sin dañar chapas finas. Marca con cinta áreas problemáticas para mostrarlas con claridad. Anota olores extraños, crujidos o manchas; esos indicios orientan al equipo y permiten proponer tratamientos acordes con la historia de tu mueble.
Fotografiar desde varios ángulos, con buena luz y una regla al lado, ayuda a dimensionar fisuras y pérdidas. Registrar anécdotas familiares o fechas aproximadas orienta decisiones sobre conservación versus renovación. Lleva medidas de espacios donde vivirá la pieza restaurada. Comparte todo al llegar; una conversación sincera ahorra pasos innecesarios y evita expectativas poco realistas respecto al resultado final disponible.
No subestimes el traslado: protege esquinas con cartón, envuelve tiradores, amarra cajones. Si vas a pie, planifica descansos y ayuda. En auto, sujeta con correas y evita apoyos que tuerzan patas. Lleva manta para el regreso con cola fresca. Este cuidado minimiza accidentes, permite diagnósticos tranquilos y demuestra respeto por tu esfuerzo y el de quienes ayudan.
All Rights Reserved.